El pasado 29 de enero salió en el Wikén un interesante artículo sobre el restaurant El Bulli, el reconocido chef Ferrán Adrià y la oportunidad única que tuvo el chef del Instituto Culinary, Juan Pablo Mellado, de trabajar durante 100 días en esta dinámica. Cinco mil personas postulan cada
año para hacer una pasantía en El Bulli. Sólo quedan 35. Juan Pablo
Mellado -30 años, chef ejecutivo del Instituto Culinary de Viña del Mar
y oriundo de San Fernando- fue uno de los 35 elegidos. Durante 100
días, entre septiembre y diciembre de 2009, vivió y trabajó ahí. Justo
antes de que Adrià anunciara que El Bulli cerrará sus puertas entre
2012 y 2013. Esta es su bitácora. Día 0: Apreciado Juan Pablo: Alguien
debe haberse bajado a último minuto, porque que llamen de El Bulli a
estas alturas es raro. Pero da lo mismo. Dije que sí, sin pensarlo dos
veces. Es como si fuera dibujante y me llamaran de Pixar. O sea, es
increíble. Durante tres meses estaré en el mejor restaurante del mundo.
Parto el 15 de septiembre. Día 1: Ya estoy acá el lugar es una
maravilla. Para llegar hay que pasar por un camino peligroso, con mucha
curva y angosto, pero la vista es increíble. Y El Bulli es
impresionante... las instalaciones, la maquinaria, la cocina. Me puse
mi chaquetilla del Culinary y ellos me pasaron un paño y un mandil
(delantal). Como nadie me preguntó la talla y soy un poco más alto que
lo normal, tuve que ingeniármelas para que no se viera chico. Después
tuvimos una reunión. Duró tres minutos. Yo dije mi nombre, que era de
Chile, y Ferrán Adrià se acercó a saludar. Me dio la mano:
"Bienvenido", me dijo, y ya. Me puse a trabajar. Tuve que limpiar
orejas de conejo y colas de cochinillo, pelar castañas, abrir ostras y
cortar tuétanos. Nunca pensé que el primer día ya tendría que montar
platos. En ninguna parte hacen eso, pero aquí te tiran a los leones al
tiro. Y no puedes pestañear. Hoy nos repitieron como un mantra que si
cada uno pierde un minuto, serán 50 minutos perdidos que no se van a
recuperar. Y cuando hay que preparar mil quinientos platos al día, 50
minutos es demasiado. Tengo que estar full concentrado. Día 2: Esto es fervor
religioso. Los stagers llegan 30 o 40
minutos antes de la hora de entrada. ¿Quién llega 40 minutos antes a su
trabajo? Nadie. Pero aquí se usa. Todos trabajan sin detenerse, en
silencio. Ni siquiera van al baño. Y cuando empiezan a llegar los
clientes, nos ponen a montar el plato de rosas, que es bien
espectacular, justo al centro de la cocina, para que nos puedan tomar
fotos. Estamos como en exhibición. Día 3: Anoche me dieron las 5 de la mañana
sin poder dormir.
Le conté a mi mujer que esto no está siendo fácil, pero que
trato de tranquilizarme: trabajé cinco años en España, he sido jefe de
cocina, pasé por un restaurante de dos estrellas Michelin. Si no sé
cómo hacer un plato (nadie te explica cómo hacerlo), sólo tengo que
mirar al del frente y copiar. No puede ser tan difícil. Día 4: Estoy reventado. Se me
había olvidado lo que era estar 12 o 14 horas de pie. Me duele la
espalda y tengo los pies destrozados. Los tres años que llevo haciendo
clases me están pasando la cuenta. Perdí el ritmo frenético de una
cocina. No sé si voy a aguantar. Día 5: Tenemos sólo media hora para
comer. 30 minutos exactos. Y si
quieres alcanzar a fumarte un cigarro, tienes que comer muy rápido
porque siempre hay alguien esperando que el segundero llegue a las 19
horas en punto para gritar "arranquem" -que significa "empezamos"- y
dar comienzo al servicio. Y ahí no paramos hasta la 1 o 2 de la mañana.
Al menos la comida es muy rica y bien casera: lentejas, pastas,
guatitas. Ferrán se sienta a la mesa con nosotros y come lo mismo que
todos. Día 6: Día libre Por fin. Sólo
quiero dormir. A lo más, jugar un rato Wii. Uno de los stagers trajo
una consola Día 8: Ferrán ya me reconoce. Me dice
"chileno". Hoy llamó a Oriol, uno de los jefes de cocina y le dijo:
"Este tío es jefe en Chile". Después supe que Don Sergio Silva, rector
del Culinary, le había mandado una carta diciéndole que yo siempre
había velado "por estar a la vanguardia de las Artes Culinarias,
aportando tanto a la cocina chilena como internacional". Es verdad.
Hace dos años que investigamos y probamos recetas con gelificantes o
nitrógeno líquido. El tema es que como Ferrán había visitado el
Culinary cuando vino a Chile, conocía el lugar. Entonces ahora me
reconoce. Para él soy "el chileno". A Diego, el argentino, le dice
"Messi". Día 9: Voy a ser sincero. Me frustra pensar que
nunca voy a tener todo lo que ellos tienen acá. Veo sus bodegas y, con
suerte, conozco el 40% de sus productos. Hay 25 tipos de sales,
vinagres de todo el mundo, una cantidad infinita de aceites y productos
japoneses que nunca había visto. Como el yuzu, una fruta, mezcla de
limón y mandarina, que usan fresca, licuada y hasta en polvo. Día 10: A veces quiero matar a Eugeni. Que lo hago
demasiado rápido, que lo hago demasiado lento. No hay cómo darle en el
gusto a este tipo. Busca cualquier excusa para marcar la autoridad. Es
absurdo. Yo respeto más a Eduard. Tiene 27 años y no lo he visto
sonreír ni un solo segundo. Dicen que lleva 15 años trabajando con
Adrià. Es catalán, como todos los jefes de cocina, y es el que hace del
malo de la película. En toda cocina tiene que haber un tipo así. Si no,
la gente no produce como debería. Día 11: Hoy vino Lisa Avent. Una periodista de la revista Time que está haciendo un libro
sobre la vida de los stagers de El Bulli. Viene mucho a mirar cómo
trabajamos y conversa con Ferrán. A veces nos acompaña en la casa.
Pienso que ella debería escribir sobre Juli Soler, el socio de Adrià.
Él es el genio del restaurante, no culinario, pero sí administrativo y
mediático. Pocos se lo reconocen. Y es una pena porque es
simpatiquísimo. Súper alegre. Y eso, en un lugar donde reírse
"desconcentra y entorpece la producción", se agradece. Es la antítesis
de Ferrán. Día 12: Me metieron en la
partida de carnes. ¿Será mejor que estar al centro montando platos?
Veremos. Es una especie de ascenso. Bien igual. Día 14: Hoy tuve
que posar. Envolviendo con papel transparente un papillote de ceps. Me
tomaron fotos de cuerpo entero para una exposición que la artista
visual Hannah Collins va a montar sobre productos usados en El Bulli.
Aquí siempre hay alguien grabando algo, filmando un documental,
haciendo entrevistas, sacando fotos para catálogos.No sé cómo pueden
trabajar todo el día con una cámara encima. A mí me desconcentra, pero
es la prueba de que estás en el centro de la vanguardia culinaria. Día 15: Tengo que tragarme mis palabras. Pensé
que Ferrán no iba a estar nunca en el restaurante, pero está al pie del
cañón. Da instrucciones, toma decisiones sobre los platos nuevos,
contesta el teléfono, conversa con los periodistas, recibe a los
fotógrafos, les da la bienvenida a los comensales, se toma fotos con
todos... Es el mejor relacionador público del lugar. Llega primero y se
va último. Igual vive al lado. Su casa está a 15 o 20 metros del
restaurante. Ahí vive cuando El Bulli está abierto. Este año, por
primera vez, abrieron de junio a diciembre. En otoño-invierno. Día 17: Nos avisaron que mañana viene... Heston Blumenthal, el
mejor chef del mundo anglosajón. Su restaurante, The Fat Duck, es el
segundo mejor del mundo según la revista Restaurant. ¿Alguien se
atreverá a preguntarle por el cierre de su restaurante en marzo después
de que cuarenta clientes se intoxicaran? Mmm. No creo. Día 18: Sé que ya no estaba
fumando, pero hoy necesito un cigarro. Blumenthal comió 42 platos. No
35 como todos los demás, sino 42. Hubo que prepararle platos
especiales. Nuevos. Diferentes. La cocina era un caos. Día 20: He descubierto que los
cocineros coreanos son secos. Hay algunas cosas que sólo ellos hacen
bien, como cortar las cañas de azúcar para ese increíble plato que es
la versión comestible de la caipiriña. Son hábiles, rápidos y
obedientes. En cada cocina debería haber uno Día 23: Hoy sufrimos nuestra
primera baja: El vasco no volvió más. Después de dos días libres, simplemente
no volvió. Es el primero que deserta desde que estoy acá. Antes de que
llegara hubo dos cocineros que se fueron. Yo pensaba que no iba a
aguantar, pero ahora sé que sí. Día 31: Oriol Castro es un crack. Él es el
jefe de cocina y está creando platos nuevos todo el día. Es un genio.
Adrià prueba, encuentra malo, encuentra bueno, sugiere cambios y le da
los toque finales, que son golpes maestros. El tipo hace de una muy
buena idea, una idea genial. Y si el plato es aprobado, se mete en la
carta. Igual nunca hay un cambio muy radical. Cambiar 35 platos de una
sola vez es como para suicidarse. Día 36: Hoy vi a
Ferrán enojado. Un plato salió fuera de su punto de cocción y retó a
gritos, y por media hora, a su equipo más cercano. Supongo que para
estar donde está tiene que dejar claro que cada detalle importa en este
negocio. Por algo es el mejor restaurante del mundo. A pesar de todo,
el tipo es un genio. Ojalá mis alumnos pudieran conocerlo. Día 39: Si escucho
una vez más la palabra "quemo", me vuelvo loco. Cada vez que alguien en la
cocina se va a mover, aunque sea un centímetro, tiene que decir
"quemo". Como el espacio es súper chico, si alguien está trabajando con
aceite caliente y se mueve al mismo tiempo que tú, te puede derramar el
aceite encima. Entonces todo el día se escucha "quemo", "quemo",
"quemo"... Es lo peor. Día 43: Anoche vino Elena
Arzak. La hija de Juan Mari que está ahora a cargo del gran restaurante
Arzak. Estuvo en la cocina y pude conversar un rato con ella. Es muy
simpática. Le dije que era chileno y ella prometió que iría a Santiago
el 2010. Veremos si cumple. Día 46: Cosas que me
gustan mucho: La cola de cochinillo con salsa de tofu fermentado; la
gelatina de jamón serrano que se funde en la boca, los ñoquis esféricos
de boniato, líquidos por dentro; la hoja de chocolate (igual a una hoja
seca) con paté de liebre y especias que acompaña el caldo de paloma. Es
como comerse el otoño. Día 58: Hoy Adrià me
dirigió la palabra. Es la tercera vez que me habla en dos meses. Cuando
me quise sacar una foto con José Andrés (el famoso chef español), él me
presentó como "el profe chileno". Todavía se acuerda de mí. Día 63: ¿Es urgente? Me preguntó Eugeni hoy día cuando le
pedí permiso para ir al baño. Sé que es su pega, pero ¡por favor! Está
claro que si no fuera urgente, no le pediría permiso. A veces uno tiene
que ir al baño. Día 70: Pablo Pavón, uno de los jefes, que es ecuatoriano, es
una máquina. Ha estado en las últimas cuatro temporadas de El Bulli, es
decir, todos los años en que ha salido mejor restaurante del mundo.
Ahora él vuelve a Sudamérica y va a instalar algo en Brasil o Ecuador.
Yo creo que va a dar de qué hablar en el futuro. Día 75: Me
ascendieron. Lucho se enfermó y lo reemplazaré como encargado de la
mise en place en la cocina central. Tengo que poner en la mesa todo lo
que los cocineros necesitan: la tabla, el cuchillo, los productos; y
mantener a la gente trabajando todo el tiempo para no romper la cadena.
Si llegan a ver a una persona parada, esperando trabajo, me matan. Es
un puesto de harta responsabilidad. Día 82: Eugeni ya no me reta tanto. Es extraño. Pero quizás, haberle
obedecido todo este tiempo sin chistar, esté dando resultados. Día 84: Ayer me gasté 215 Euros en una comida. Con
Lucho y Sunny fuimos a comer al Celler de Can Roca, uno de los mejores
restaurantes del mundo, y nos echamos, cada uno, 150 lucas. No tenía la
plata, pero valió la pena. Lo tomé como un doctorado intensivo. Tenía
que saber qué siente un cliente en un restaurante 3 estrellas
Michelin. Día 87: Se acabaron mis días libres. Tendremos trece días de trabajo seguidos: 11 de servicio y 2 de
limpieza profunda. El último día se limpian hasta las campanas. Como el
restaurante se cierra y no se abre hasta seis meses más, todo debe
quedar impecable. Va a ser duro, pero no me quejo. Son las reglas de
juego. Día 93: "Que no bajemos la guardia" Nos dicen a cada rato, "que no aflojemos". Porque nos quedan pocos días
y no podemos relajarnos. ¡Ni siquiera en los últimos días dejan de
"chicotearnos". Día 95: Es oficial: he
bajado siete kilos. Día 99: Mañana es el último
día. Tendremos una comida con todo el equipo y será la despedida.
Ferrán dará un discurso de agradecimiento y nos dirá que nunca
olvidemos que trabajamos en el mejor restaurante del mundo. Está claro
que yo no lo voy a olvidar. Día 100: No sé cómo, pero terminé sentado al lado de Ferrán. A su
derecha estaba la periodista y a la izquierda, yo. Conversamos toda la
noche. Me dijo que en un par de años El Bulli va a cambiar, que a fines
de enero haría el anuncio. También hablamos de Chile. Su próxima
misión, dice, será ayudar a Sudamérica para que se convierta en la
nueva España. Dice que aquí se hacen cosas interesantes pero poco
vanguardistas. Que se necesita hacer comidas más pensadas. Yo espero
ser parte de esa revolución. Pero en este minuto, sólo estoy pensando
en volver. Volver. Ver a mi hijo y a mi mujer. Fuente: Wikén / El Mercurio / 29 de enero de 2010Por Bárbara Muñoz S..
Me
ha surgido una plaza en la cocina de El Bulli hasta final de temporada.
Estoy mirando las fichas de los candidatos en reserva de los que
disponemos, para ver quién puede venir. ¿Es éste su caso? ¿Puede usted
incorporarse urgentemente?
Espero su respuesta
Atentamente,
Marc Cuspinera
Jefe de personal de El Bulli
P.D. No
debí ponerme la chaquetilla del Culinary que dice "chef instructor".
Las de los demás no dicen los cargos, sólo los nombres. Estoy seguro de
que eso, a Eugeni, uno de los jefes, le molestó. No le caigo bien.
Ningún stager le cae bien.
100 días en el mejor restaurante del mundo
Enviado por Francisco Díaz-Valdés
el 04 feb, 2010 a las 13:36
Etiquetas: restaurant ferrán adrià culinary el bulli
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