Caleta Lastarria, aprobada con distinción.
Paseando el Domingo por las cercanías de la plaza Mulato Gil de Castro, decidimos quedarnos a almorzar aprovechando la oferta disponible. Pese a que teníamos referencia de otros dos lugares, nos atrevimos con una tercera opción, desconocida para nosotros: la Caleta Lastarria.
Primero nos atrajo la preciosa casa que lo alberga, en la esquina de Villavicencio y J.V. Lastarria. Una casona de fuerte personalidad, restaurada con gusto y bien vestida en su interior. La Caleta ocupa un espacioso y subterráneo, amplio, luminoso y bien decorado, que hace sentirse bien al comensal e invita a quedarse.
En un minuto nos atiende su dueño, chef y administrador, Cristián, quien junto a su equipo sólo confirman lo que la arquitectura y el diseño de la Caleta ya nos decían. Con una recepción grata y amistosa, nos rendimos fácilmente y nos quedamos, para en pocos minutos estar frente al cebiche del chef, el mejor cebiche que hemos probado en mucho tiempo; una entrada del tamaño de un buen plato de fondo, bien presentado y mejor logrado, jugoso, sabroso, de consistencia perfecta, acompañado de una rica y abundante ensalada. Pulpo, camarones, tilapia, ostiones (muchos), salmón, pimentón, limón, cebolla morada y un suave picante en un plato equilibrado que se goza de principio a fin.
Sólo como dato adicional mencionaremos que el pan amasado que nos ofrecieron alcanzó el mismo nivel de excelencia, como también lo hizo el mojito sin alcohol. Mesas bonitas, sillas firmes y cómodas, alcuza impecable, mozos cordiales y sabedores de su oficio, vigas a la vista, murales y una exposición de arte, además de pulcros baños, sólo completaron una muy buena experiencia.
Precio razonable. Sin duda un lugar para recomendar y para volver.