Pocas veces uno tiene la fortuna de poder arriesgarse a entrar a un restaurante nuevo, y donde aun no ves mucho movimiento, pero en la variedad está el gusto, y el que no se arriesga, no cruza el rio.
Justamente esto fue lo que sucedió al encontrarme frente a una terraza estupenda, con una decoración simple pero muy amigable, y poco a poco vas acercándote a la puerta y te encuentras con la sorpresa de que es su propio dueño es quien te recibe, junto a sus garzones que atentamente están pendientes de nuestros movimientos. Mejor es la sorpresa cuando
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Ya había ido una vez a mirar que vendían en el mercado gourmet del Coquinaria, quede encantadísimo con el lugar, los productos, finalmente la onda. Esta vez volví pero a probar la comida y como atendían. Venía con prejuicios, pero de los buenos, es decir, no por nada uno de los dueños del Coquinaria era el dueño del desaparecido Fredericks en el centro y del Mollies en el Boulevard del Parque Arauco. 


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